No cabe la menor duda de que ir al cine es un rito social. Para muchos, me incluyo, es probablemente el gran panorama del fin de semana. Amigos, cine, cabritas, y más tarde comida con una necesaria cuota de alcohol para digerir y conversar lo visto, parecieran ser los ingredientes que, en buena hora, arman el fin de semana de miles de personas dispuestas a ceder dos horas de su tiempo a una experiencia que promete sacarnos de la rutina. ¿Qué hay de malo en eso? Nada, el problema es que cada vez son más lo que parecen ignorar el inevitable hecho de que están rodeados por otros sujetos con los mismos planes, lo cual puede terminar transformando una buena película en una experiencia al menos…desesperante.
¿Falta de tolerancia? Quizás, pero me parece que al pagar mi entrada me gano el derecho a ver una película en paz. Sin ruidos, sin distracciones, sin nada que aleje mi atención de la gigantesca pantalla. Basado en algunos años de experiencia como espectador de cine, he elaborado una pequeña clasificación de ciertos tipos de gente que uno quisiera evitar como compañeros de sala. Ahora bien, si al leer lo que viene se siente identificado de alguna forma, no lo tome como crítica, es solo una invitación a recordar que no está solo en el mundo.
Las Abuelas
Asisten generalmente los días martes y miércoles en la tarde, por lo general se les puede ver en parejas o en tríos con sujetos de su misma especie y grupo étareo. Se caracterizan por pagar un ticket más barato, relacionar actores con películas vistas en semanas anteriores, y comentar en voz alta (o muy alta) y con cierta seriedad escenas claves y escenas con presencia de desnudos o de contenido sexual.
Los Cocheros
Ubicados por lo general en las dos últimas filas, donde hoy por hoy muchos se enorgullecen de poder levantar el apoya brazos en ciertas cadenas de cines, lo cual les permite ver la película en las posiciones más románticas. Generalmente suelen no ver la película o no entenderla, pues la presencian a ratos mientras descansan de actividades propias causadas por a) tener explosiones hormonales y b) no tener edad ni plata para acceder a lugares de mayor privacidad. Llamados así debido a los leves ruidos que generan, los cuales simulan los realizados por un cochero para hacer avanzar su caballo. No molestan en demasía, son dentro de todo, silenciosos.
El que la cree tonta
Muy fácil de encontrar los fines de semana en la noche, este sujeto se caracteriza por andar acompañado de una dama a quien corteja y a la cual pareciera considerar menos evolucionada o
carente de toda neurona, pues se siente en la obligación de explicarle la trama como si se tratara de un niño de cuatro años. Pueden ser sumamente desesperantes, especialmente cuando el volumen de la explicación pareciera superar el surround 5.1 que encontramos en las salas de cine.
El Comilón
Conozco muy pocas personas que jamás hayan comido cabritas en el cine, sin embargo si Ud posee esta costumbre, calma, el Comilón no se refiere a su persona. El Comilón es aquel que pareciera ignorar el hecho de que a) la sala es un lugar cerrado y que b) los nachos, hotdogs, y pizza generan olor. Y no un poco, mucho. Lo más terrible es que no solo sufrimos con el olor, sino que además con el molesto ruido de los envases y con las respuestas gastrointestinales que, tarde o temprano, estos alimentos traen consigo.
El Indispensable![]()
Aquel que, en una frase, no solo NO apaga su teléfono celular sino que además contesta. Llamados de esta forma debido a que su actuar conlleva una actitud hacia el mundo marcada por la indispensabilidad de su persona. ¿Cuántas veces tendremos que ver al Tigre de Cinemark o a los cartelitos del Hoyts que piden, ruegan, e imploran silenciar o apagar el teléfono para que los llamados ‘Indispensables’ apaguen su teléfono?
El VIP
Este personaje se encuentra por lo general en estrenos, galas, o festivales veraniegos al aire libre. En pocas palabras es un sujeto que no va mucho al cine pero que debido al carácter de evento que proyectan estas exhibiciones, deben asistir (y ser visto), además de sentirse en la obligación moral de tener una opinión valida sobre lo que acaba de ver. Sin ir más lejos, este verano pude escuchar como uno decía a su señora “Si no entiendes, cuando prendan las luces pon cara de intelectual”.
Esto es parte de un estudio social más importante, razón por la cual se ruega entregar información acerca de otros grupos que pudieran existir.
Más allá de los sujetos con quienes veamos la película y su comportamiento dentro de la sala, me parece único y digno de comentario aquel momento en que dejamos la sala y tímidamente lanzamos a nuestro acompañante la pregunta de rigor “Bueno, ¿qué te pareció?”. Es en ese momento cuando notamos que la otra persona pareciera haber visto una película completamente diferente a la nuestra, no mejor ni peor, solo diferente, obligándonos a continuar la noche comparando y comentando lo que vimos.