Para mi la obra de Bergman ha sido siempre algo lejana. Mejor dicho: siempre la he reconocido como un desafío, quizás uno que en ocasiones he preferido evitar por respeto y otras debido a que, simplemente, las circunstancias no nos han ayudado. Sea como sea, el fantasma de su filmografía siempre me ha perseguido debido a que mi buen amigo Franz es, por decirlo menos, devoto del difunto director.
Fue en el mismo departamento de mi amigo cuando descubrimos que ambos habíamos arrendado la última película de Bergman, ‘Saraband’. Él, como era de suponer por su fanatismo, ya la había visto y me dijo que la viera, que era un buen ejemplo de cómo traer el conflicto a su mínima expresión, sin grandes aparatos, sin muchas locaciones ni muchos personajes (Ok, las palabras fueron otras, pero bueno, es mi blog). Saraband se pintaba entonces como un ejercicio cercano, como un pedazo de cine sin excusas. Dos personas, un conflicto, una cámara, un punto de vista. La verdad es que, si bien tenía altas expectativas, Bergman se dio el lujo de superarlas.
Para entender cómo está construido el relato de Saraband hay que partir de lo básico: una “saraband” o
zarabanda (en español) es una danza lenta, solemne, de ritmo ternario y que (según wikipedia) se distingue en que los compases 2 y 3 a menudo van ligados, dando un ritmo distintivo de negra y blanca alternativamente. Siguiendo esto, Bergman construye un relato de diez capítulos, que consta de preludio y conclusión, en los cuales siempre vemos a dos personajes en escena, algo similar a lo que proponen las zarabandas en su forma de asociar las blancas y negras alternativamente. Si asimilamos el ritmo de la cinta al ritmo de una zarabanda, la cinta es también algo lenta (en el buen sentido) y profundamente solemne (gracias en parte a algunas zarabandas que acompañan la acción).
Marianne (Liv Ullmann) y Johan (Erland Josephson) son una pareja que lleva cerca de treinta años separados. Con cierta melancolía, Marianne decide viajar para visitar a Johan quien ahora vive en Dalarma. Cerca de la casa de Johan vive su hijo Henrik (Börje Ahlstedt) y la hija de éste, Karin (Julia Dufvenius). Henrik imparte clases de violonchelo a su hija y tiene planes de futuro para ella, en una relación que pareciera ir más allá de la paternidad. Marianne irá develando los problemas de ésta familia, junto con sanar la nostalgia por su propio ex marido.
Lo interesante de esta película es que la pareja formada por Marianne y Johan nació en otra cinta de Bergman, “Escenas de la vida conyugal”, filmada en 1973, lo cual nos obliga como espectadores a visitar la referencia anterior.
Si bien “Saraband” nació como un proyecto hecho para televisión, está lejos de ser una “tv movie” cualquiera. Muy por el contrario, Bergman de cierta forma se plantea un desafío y sale airoso de él. Es un cine que, de cierta forma, transita por temáticas profundamente humanas de manera sincera, entregando en cada “capítulo” un pedazo de conflicto con lo básico, lo imprescindible.