Hace casi cuatro años el productor J.J. Abrams causo verdadero furor con una serie sobre un grupo de sobrevivientes y una isla llena de misterios que no dejó a nadie indiferente. Su productor, como pocas veces se ha visto, se hizo tan famoso como el elenco de la serie que producía, al punto de comenzar a ganarse la denominación de “produautor”, es decir, un productor con un sello distintivo.
Pues bien, las cosas han cambiado y hoy por hoy se habla de un nuevo produautor que la está rompiendo en Hollywood. Su más reciente serie, producida por la Warner, tiene el mérito no menor de haber sido vista por 13 millones de espectadores en su capítulo de estreno, trasformándose en la nueva serie más vista de Estados Unidos según el New York Times. Pushing Daisies es la serie y Bryan Fuller el nuevo produautor del que se empieza a hablar.
Inspirado por el personaje de John Cusack en “Alta Fidelidad” y su manía de clasificar el mundo en listas (desde la música hasta sus rupturas sentimentales), sumado al cansancio de escuchar referencias en conversaciones, libros, o incluso películas sobre determinadas obras cinematográficas que uno “debería haber visto” por pertenecer al acervo cultural mundial, lo cual hace que desconocerlas sea un sacrilegio, decidí realizar una lista de películas que “debería ver antes de morir”. Basándome en diversos libros e intentando no obtener inspiración en esas malditas listas que todos los años promueven “las mejores 100 películas del mundo” como si el “mundo” fuera Estados Unidos, me aboqué a una tarea que solo tendría como resultado un producto: insomnio.
El cine de David Lynch es un lugar al que pocos quieren llegar ya que te obliga a sumergirte en pasadizos de la mente de una forma poco amistosa, a la que el común del cine hollywoodense no nos tiene acostumbrados. Inland Empire, la última y para muchos mejor película del director norteamericano, es tanto una nueva invitación a recorrer los oscuros parajes de la mente, como también una apuesta en mayúscula, en el amplio sentido de la palabra, es decir: formal, dramática, e incluso comercial.