Hubo un tiempo en que yo defendía a Héctor Noguera. En serio, dijeran lo que dijeran, yo lo defendía. Lo vi varias veces en el teatro y hasta en una oportunidad me acerqué a él por que su actuación me pareció demasiado buena (fue en Novecento, si mal no recuerdo). Pues bien, aunque no me arrepiento de lo que hice, pasa el tiempo y uno se comienza a poner más exigente en todo sentido. Tal como uno deja ciertos hábitos, como el vino en caja, dejé de creer en Noguera. Nada personal, de hecho, reconozco que tiene sus momentos, pero simplemente me aburrí de verlo actuando de sí mismo una y otra vez. Más que del actor, me aburrí de quienes son siempre ellos mismos al actuar. Pensemos en alguien como Richard Gere, ¿qué diferencia hay entre el Richard Gere de Pretty Woman y … no sé, cualquier película donde actúe él?
Admito que cuando tienes una vida dedicada a actuar, puede ser fácil repetirse. Ni siquiera es propio de los actores: es común que escritores, directores, o lo que sea, se repitan. Todos fallamos. El problema es cuando tu método actoral se basa en repetirte constantemente. Pensemos en Al Pacino. Segun IMDB, el 92′ actuó en ‘Perfume de Mujer’ y el 93 en ‘Carlito’s Way’. Eso sí es un cambio, eso sí es encontrar en si mismo dos seres diferentes, con gestos distintos, aspecto distinto. Cinco años después hizo ’El abogado del diablo’, es decir, otro gran personaje, otro gran cambio. Pacino toma riesgos y muchas veces sale para atrás, sin embargo hay ocasiones en las que sorprende y esos momentos parecieran anular los fracasos. Lo mismo pasa con Gena Rowlands y muchas actrices, que se entregan al personaje y trabajan por encontrarlo hasta que, de pronto, aparece.
“Es la paradoja del actor encontrarse en cada personaje que encarna sin dejar sus propias características y ser distinto al mismo tiempo. Ponerse al servicio y dejarse llevar. Ser uno mismo y ser otro al mismo tiempo, y, fundamentalmente y ante todo, creer en ello y hacernos creer.” (La Mímesis y la Caracterización Interna, Alexei Vergara y Hugo Marchant)