
No será la mejor película de Woody Allen, tampoco el ‘gran regreso’ que muchos comentaban con entusiasmo. Es divertida, sabe lo que se trae entre manos y, lo más importante, sabe sacarle provecho.

No será la mejor película de Woody Allen, tampoco el ‘gran regreso’ que muchos comentaban con entusiasmo. Es divertida, sabe lo que se trae entre manos y, lo más importante, sabe sacarle provecho.

Eran otros tiempos: después de almorzar los sábados, venía la hora en que los ‘grandes’ dormían siesta. Los chicos jugabamos a lo que fuera, a veces un improvisado baby fútbol en el segundo piso (despacio, para que no despertaran), otras jugabamos Atari…finalmente prendíamos la tele. Cada semana era un invitado diferente pero siempre, cada vez, Tatú gritaba: ’El avión, el avión’…
Hoy, Ricardo Montalbán, el canoso Señor Roarke, fiel compañero de Tatú, murió.
Clint Eastwood es un heredero del cine clásico, un alumno de Ford que, como tal, sabe contar historias, construir atmósferas y -aspecto clave en todas sus películas- dirigir actores. El Sustituto es una película de atmósferas, de actuaciones potentes y de un guión de primer nivel.
El otro día leía al editor de una revista de cine independiente que se preguntaba si la economía influye o no en el cine. A propósito de las típicas listas con ‘lo mejor del año’, el autor cuestionaba si las películas de cada año eran producto de la creatividad de sus autores o si influía también la economía del momento en que se producían las películas. Es decir, ¿películas como There Will be Blood o I’m Not There, se hubieran podido hacer hoy? Lo más probable es que no. Sigue leyendo