
Con mucho tiempo -casi un año- de atraso, llegó a salas la última película de Michel Gondry, francés conocido por su trabajo en los videoclip y por la notable ‘Eterno resplandor de una mente sin recuerdos’. Se trata de un relato que irradia amor al cine, entendido como un arte de artesanos que quieren contar historias y ganar suficiente dinero como para seguir haciéndolas, sin más estímulo que el de disfrutar de una experiencia común.
‘Be kind rewind’ es un homenaje al cine chico, humilde, sencillo. A ese cine cuyos espectadores no están preocupados sobre si se pixeleó la mega explosión en el espacio o sí actúa la última actriz (o modelo, en defensa de actrices que actúan de verdad). Ese cine hecho de ganas, de amigos, de buenas intenciones, no de fondos o de tremendos planes de negocios. El espectador de este tipo de película es el que quiere ver y verse…
En el fondo, Be kind rewind apela a lo mismo que Cinema Paraiso alguna vez apeló, ese rescate del cine como una experiencia comunitaria, tan generadora de identidad como la plaza del pueblo o la feria de turno.
¿Qué le faltó para ser una tremenda película? Nada. Quizás le sobro Jack Black. El eterno gordito-simpático viene hace rato repitiendo la misma tecla, actuando del amigo-gordo-buena-onda que la caga (y luego salva). Personalmente me aburrí de ver el mismo personaje en diferentes películas como si fueran todas secuelas.