Pocas veces he salido tan desilusionado de una sala de cine como luego de la última película de Peter Jackson. ‘Desde mi cielo’ no es más que una combinación de imaginería ordinaria, basado en un uso de recursos técnicos que olvida su primera función: contar una historia y, lo más desagradale de todo, es que conlleva un nivel de cursilería visual que roza el sin sentido y se encuentra a sí mismo en la tierra del mal gusto.
Ok, no seamos tan malos: hay dos cosas que destacar de esta película: Saoirse Ronan, actriz que ya había aparecido en Expiación y cuyos ojos son -realmente- una ventana a su personaje. Lo mejores momentos de la película, principalmente al comienzo, vienen de sus ojos. Sin caer en cursilerías, llenan la pantalla y absorven la atención del espectador. Lo otro rescatable: Mark Whalbergh, uno de los actores con carreras más exóticas de Hollywood que varía entre grandes aciertos y tremendos errores. Desgraciadamente, aquí no lo podemos aplaudir como alguna vez hicimos en ‘Los infiltrados’, sin embargo aquí también destaca dentro de lo que su limitado rol le permite.
¿Qué falla en ‘Desde mi cielo’? Probablemente el no saber por qué género se deambula. La película es una mezcla entre película de niñas, un thriller y un drama familiar, sin embargo, Jackson no mantiene el tono de la historia, no sabe por cual pista deambular y se pierde. Comparemos, por su trama, con ‘Río Místico’: toca todos lo temas anteriores sabiendo que lo suyo es un género, un tono, un camino y es consecuente con eso. Peter Jackson no sabe cual es su camino y el producto resulta un errante recorrido que traiciona al espectador.