Ella (llamémosla así) acompañaba a terapia, cada semana, a su pololo. Él (otro Él, no el mismo de la recién mencionada ‘ella’) le guardaba y administraba los ansiolíticos y antidepresivos debido al temor del psiquiatra porque su paciente sufriera una sobredosis. Otra historia -de otros ella y él- contaba que uno de los dos pololos había tenido que llamar al psicólogo de su pareja a las tres de la mañana por una discusión que, si bien para cualquier pareja podía considerarse como común, en este caso pasaba a ser cuestión de vida o muerte.
‘Salvarte’, mi primera película, habla de un pololeo en el que uno de sus miembros sufre de depresión, explorando qué se esconde tras una relación así y cómo es la dinámica de una pareja que carga día a día con un peso como ese.
Si hay algo claro de la última película de Scorsese es que ha dividido a la crítica en blanco y negro, sin grises. Para algunos es el ocaso de un genio cinematográfico de los setenta y para otros, quizás los menos, es una joya que demuestra la permanencia de Scorsese en el destacado sitial que comparten los grandes directores de los últimos treinta años. Francamente, yo no pertenezco a este último grupo, pero estoy más cerca de éste que del primero. Creo que Scorsese es un catalizador por el que pasa lo mejor del cine clásico con los avances y la técnica del cine actual, puesta en pro de un resultado que, si bien para algunos puede llegar a parecer barroco o sobrecargado, es un cine expresionista donde la forma va sólo en búsqueda de sus personajes. De acuerdo, Shutter Island quizás no sea Toro Salvaje, pero no me cabe duda que es una película que hay que ver y que todo fan del cine clásico encontrará en ella un refugio.
Clint Eastwood es un heredero del cine clásico, un alumno de Ford